
Diez Cosas no permitidas en tu hogar
10 cosas que NO debes permitir cuando alguien llega a tu casa (sí, incluso si es tu familia)
Tu casa no es un hotel, ni un consultorio, ni un escenario para que otros descarguen sus frustraciones.
Tu casa es tu templo. Y como templo, merece respeto. El problema es que muchas veces dejamos entrar a cualquiera, incluso a los que llegan con más veneno que cariño.
Y aquí está la verdad incómoda: a veces los peores invitados no son extraños… son de tu propia familia.
- No permitas que critiquen tu forma de vivir.
Si tu casa está limpia o con juguetes en el piso, si comes arroz con huevo o salmón con aguacate, no es asunto de nadie.
- No permitas que entren con mala energía.
Quien llega a tu casa debería traer paz, no tormenta. Si alguien trae veneno en la lengua, que lo deje en la puerta.
- No permitas que opinen sobre tu pareja, tus hijos o tu soledad.
Nadie paga tus cuentas, nadie sabe lo que has llorado, así que nadie tiene derecho a meter la nariz.
- No permitas que te comparen.
La frase “fulanita ya tiene esto o lo otro” es veneno disfrazado de consejo. Corta ahí mismo: “Qué bueno por ella, yo voy a mi ritmo.”
- No permitas que se sirvan de tu mesa con ingratitud.
La gratitud no cuesta, pero hay quienes se atragantan de tu comida y todavía hacen mala cara. Esa gente no merece repetir.
- No permitas que te usen de psicóloga gratuita.
Una cosa es escucharlos, otra muy distinta que usen tu sala como basurero emocional sin jamás preguntar cómo estás tú.
- No permitas que entren con chismes.
El que trae chisme de otro, mañana llevará el tuyo.
- No permitas que minimicen tus logros.
Si lograste pagar una deuda, criar sola a tus hijos o simplemente seguir de pie, eso es grande. Quien no lo aplaude, que se quede en silencio.
- No permitas que te falten el respeto en nombre de la “confianza”.
La confianza no da permiso para la grosería.
- No permitas que nadie se crea dueño de tu casa.
Si alguien no entiende límites, enséñale la puerta.
“El respeto no se pide, se exige. Tu hogar no es un refugio para la toxicidad de otros, es un espacio sagrado donde tú y tu familia merecen paz. Aprende a cerrar la puerta a quien no sabe comportarse… porque a veces la verdadera limpieza no está en el piso, sino en la gente que sacas de tu vida.sígueme en mis redes y gracias por leerme.
Dr Roch