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¿Por qué los buenos empleados dejan un trabajo?

Por: Team Roch, El 24 febrero, 2020

Sigue leyendo porque te voy a describir cuáles son las actitudes que provocan que tus empleados salgan corriendo.

Es impresionante cuán común es ver a jefes quejándose de que sus mejores empleados renuncian. Y sí deben quejarse de ello ya que pocas cosas son tan costosas  para una empresa como la salida de un buen elemento. Muchos directores tienden a adjudicar la rotación de empleados a su cargo a cientos de razones, mientras ignoran la raíz del problema: los buenos empleados no se alejan de su trabajo, se alejan de los malos jefes.

“Si no puedes conducir la locomotora, dedícate a engrasar los ejes” 

Agatha Christie

Lo triste es que estas renuncias pueden evitarse. Lo único que se requiere es una nueva perspectiva y un esfuerzo extra de parte del jefe que debe formarme y actualizarse para ser un líder de este tiempo. Por eso ofrecemos este tipo de experiencias a nuestros clientes y seguidores. En este tiempo temporal todo es mantenimiento y si lo dejas de haces dejas ir lo mejor de esta vida y a tus mejores gentes. Necesitamos entender cuáles son las nueve cosas que los jefes hacen que invitan a los buenos trabajadores a renunciar.

Sobrecargan o pocas responsabilidades.

Nada disgusta más a los buenos empleados como una sobrecarga de labores o tener pocas tareas y poco resolver. Si no les das retos importantes se desmotivan y piensan en irse. Es muy tentador sacarle todo el provecho a los mejores elementos, pero presionar demasiado o dejar sin responsabilidades suficientes a los elementos positivos de un equipo los hace sentir castigados por ser buenos en su labor. Es una medida contra productiva. Un nuevo estudio en la Universidad de Stanford demuestra que la productividad por hora disminuye dramáticamente cuando la semana laboral excede las 50 horas de trabajo y en mi práctica profesional descubro que grandes elementos se quieren ir cuando se sienten un adorno para el jefe por la poca importancia de las responsabilidades que les encargan.

Si debes incrementar la carga de responsabilidades de un buen empleado, tendrás que subirlo de puesto. Los empleados talentosos son capaces de asumir nuevas obligaciones, pero no se quedarán si se empiezan a sentir sofocados o poco importantes en tu organización. Si sólo le das más trabajo a una persona “porque puede con la carga” sin cambiar la importancia de lo que hace buscará irse. No todo es seguridad de salario o posición en el puesto de trabajo.

No reconocen los aciertos y el esfuerzo

No reconocen las contribuciones de los demás Es muy fácil subestimar el poder de una “palmadita en la espalda”, “DE UN RECONOCIMIENTO SINCERO” especialmente cuando hay empleados buenos que acostumbran a dar buenos resultados. A todos nos gusta recibir las gracias por nuestros esfuerzos, sobre todo aquellas personas que constantemente se esfuerzan en ser mejores. Los jefes deben ser capaces de encontrar qué hace que sus mejores empleados se sientan bien (para algunos es un aumento, para otros es el reconocimiento público).

No les importa su gente

No les importan sus empleados, más de la mitad de las personas que abandonan su empleo lo hacen porque tienen una pobre relación con su jefe. Las compañías más inteligentes se aseguran de que sus directivos sepan balancear ser profesionales con ser humanos. Estos son los directores que celebran el éxito de un empleado, son empáticos con aquellos que están pasando dificultades y son capaces de enfrentar a las personas que pueden mejorar. Es imposible trabajar para una persona por más de ocho horas al día cuando no le interesa otra cosa más que el producto y las cifras que entregas.

Promesas, jamás cumplidas

No honras tu palabra, cuando no cumples con lo que prometes. Creces a los ojos de tus empleados porque pruebas ser de confianza y honorable (dos cualidades imprescindibles para un jefe). Pero cuando no actúas según lo dicho, te muestras como un ser irrespetuoso al que no le importa nada ni nadie. Después de todo, si el jefe no cumple con su palabra, ¿por qué habrían de hacerlo los demás?

Siempre habrá personas incorrectas

Promueven a las personas incorrectas. Los empleados que trabajan muy duro suelen querer colaborar con colegas que se esfuercen de la misma manera. Cuando los jefes no se afanan en contratar buenas personas, se desmotivan. Promover a los empleados incorrectos es aún peor. No hay un insulto mayor que asciendan al compañero que no hace nada cuando tú trabajas con todo tu esfuerzo.

No dejan que las personas persigan sus sueños

Los empleados talentosos suelen ser muy apasionados. Ofrecerles oportunidades para perseguir sus sueños mejora su productividad y la satisfacción con su trabajo. Pero muchos jefes quieren que sus empleados trabajen dentro de una cajita hecha de reglas.  Temen que la productividad disminuya si sus trabajadores no están enfocados 300% en su trabajo. Sus miedos carecen de fundamento porque estudios demuestran que las personas que son capaces de seguir sus pasiones dentro de sus empleos experimentan una especie de “subidón”, un estado mental de euforia que les permite ser hasta cinco veces más productivos que los demás.

No saben desarrollar las habilidades de su gente

Hay jefes que desconocen la operación diaria de sus empleados y que tratan de excusarse diciendo que confían en ellos y que sus trabajadores son autónomos. Esto es una tontería. Los buenos gerentes dirigen, sin importar que tan talentosos sean sus colaboradores. Ponen atención a las labores de sus equipos y constantemente ofrecen retroalimentación. Al ser jefe te toca encontrar las áreas de oportunidad de tus mejores empleados para que puedan desarrollarse. Si no lo haces, tus colaboradores se aburrirán y se irán.

Fallan al impulsar la creatividad de su gente

Los empleados más talentosos buscan mejorar todo lo que tocan. Si les quitas la habilidad de innovar porque solo te sientes cómodo con el status quo, harás que odien sus trabajos. Encerrar el deseo innato de mejorar no solo limita a tu equipo, te limita a ti.

No desafían a las personas

Los grandes jefes provocan a sus empleados para lograr cosas que antes parecían imposibles. En lugar de fijar metas mundanas, ponen objetivos que impulsan a la gente a salir de su zona de confort. Después, hacen todo cuanto pueden por apoyar a sus equipos a lograrlos. Cuando las personas inteligentes se la pasan haciendo cosas demasiado fáciles o aburridas, empiezan a buscar otros empleos que los desafíen intelectualmente.

En conclusión, si quieres que los mejores miembros de tu equipo se queden en tu empresa, debes pensar muy cuidadosamente cómo los tratas. Los buenos empleados aguantan mucho, pero su talento les da abundancia de opciones. Tienes que lograr que quieran trabajar para ti. 

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