Primero: ¿sabes qué es la empatía?

Las personas empáticas tienen una predisposición natural para algunas de las competencias más demandadas en las ofertas de empleo: trabajo en equipo, capacidad de liderazgo, habilidades en la negociación y atención al público. Hay muy pocos profesionales que verdaderamente no sientan empatía. El ser humano cuenta con esta cualidad por naturaleza. La empatía es una conducta adaptativa que ha quedado inscrita en su biología.

Está relacionada con las neuronas espejo, un tipo de células que se activan cuando observamos una conducta y sentimos el impulso de imitarla. Sucede con la risa, con el llanto y con muchos otros sentimientos. Nos permite aprender por imitación. No necesitamos tocar el mismo objeto con el que se ha quemado otra persona porque hemos visto su expresión de dolor cuando lo ha tocado ella. Por eso se considera una conducta adaptativa.

La empatía es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. De forma popular se conoce como «saber ponerse en el pellejo del otro». Pero, como sucede cualquier otra capacidad innata, unos la desarrollan más y otros no tanto, y siempre es posible potenciarla.

¡Aprende a desarrollar tu empatía!

Si eres de esas personas que tiene menos desarrollada la empatía, no des por perdida la partida. Esta es una de las capacidades que se pueden trabajar. Hay un término que todo el mundo conoce bien y que define este propósito: sensibilizarse. Uno de los primeros pasos para empezar a potenciar tu empatía es observar.

Fíjate en las reacciones de las personas que te rodean ante lo que les sucede. Para ello, tienes que hacer el esfuerzo de dejar de observarte a ti mismo por un momento. Puede que tengas otros asuntos en la cabeza que te ocupen prácticamente todas las horas del día. Apártalos por un rato y pon atención en el dependiente que te vende el pan, en la vecina que te saluda o en el amigo con el que estás charlando. Si nunca te has parado ha hacer conscientemente este tipo de observación, te asombrará lo que vas a descubrir.

También hay actividades cercanas a la experiencia laboral que te permitirán aumentar tu capacidad de empatía orientada al trabajo. Estos son algunos ejemplos:

¿Sirve la empatía en el trabajo?

La respuesta es sencilla: sí, porque genera beneficios. Cumplir con las normas de convivencia resulta realmente rentable. Una persona empática tratará de contemplar otros puntos de vista además del suyo. Y, por lo general, no velará solo por sus intereses, sino también por los del grupo y por los de la empresa.

Algunas de las competencias más valoradas dependen en gran parte de que la persona sea empática:

Cuando los trabajadores desarrollan su empatía el trabajo cotidiano resulta más ameno, al igual que los ambientes de trabajo. Por tanto, en estos espacios prospera la creatividad y el respeto, favoreciendo así tanto la productividad de los trabajadores como de las empresas en sí mismas.